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Un equipo de investigación integrado por especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México, la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, la Universidad de Texas y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) descubrió en México una nueva especie de serpiente subterránea denominada Yakacoatl tlalli, informó la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales (Semarnat).

El hallazgo refuerza la posición de México como uno de los países con mayor biodiversidad del planeta y evidencia que aún existen especies por identificar, incluso en regiones que han sido estudiadas durante décadas.

La nueva serpiente fue localizada en la cuenca del río Balsas, una región caracterizada por su clima xerófilo, con precipitaciones escasas y vegetación adaptada a condiciones secas, similares a las de un semidesierto. En esta zona se estima que habita la mayor parte de la población conocida de la especie.

Yakacoatl tlalli pasa la mayor parte de su vida bajo tierra, lo que explica su rareza y la dificultad para detectarla. Su adaptación al entorno subterráneo es notable: presenta una escama especializada en forma de pala, ubicada en la parte frontal de la cabeza, que funciona como una herramienta natural para excavar en suelos compactos y semiáridos.

La especie pertenece a la tribu Sonorini, un grupo de pequeñas serpientes no venenosas adaptadas a ambientes subterráneos en tierras bajas secas. Estas serpientes suelen tener cuerpos delgados, hábitos discretos y comportamientos poco visibles, lo que complica su estudio en campo.

Hasta ahora se han identificado únicamente tres ejemplares de Yakacoatl tlalli, y solo uno de ellos fue encontrado con vida en la cuenca del río Balsas. Este reducido número de registros subraya tanto la dificultad de su detección como la posible vulnerabilidad de la especie, cuya distribución real aún debe ser determinada mediante futuras investigaciones.

El descubrimiento no solo amplía el inventario de fauna mexicana, sino que también abre nuevas líneas de estudio sobre la evolución y adaptación de reptiles a entornos extremos. Además, pone de relieve la importancia de conservar ecosistemas semiáridos que, pese a su apariencia austera, albergan formas de vida únicas y aún poco conocidas.


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